Galacho de Juslibol

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TOMANDO EL SOL

Durante los primeros meses de la primavera, los reptiles abandonan sus guaridas invernales y salen a tomar el sol. No es raro encontrarnos con algunos galápagos de Florida, una especie invasora, calentándose en los troncos caídos del Galacho.

El Ayuntamiento de Zaragoza está tratando de controlar el aumento de la presencia de esta especie invasora. Por un lado, a través del Programa de Voluntariado Ambiental del Galacho de Juslibol, se están vigilando y controlando sus poblaciones. Por otro, desde hace varios años se vienen desarrollando campañas de difusión con el fin de concienciar a la ciudadanía de los daños que se producen en el ecosistema debido a la suelta de estos galápagos en el medio.

VERANEANDO EN EL GALACHO

En primavera y verano nos visitan algunas aves migratorias que vuelven por aquí con el buen tiempo y encuentran en el Galacho el lugar ideal para poner los huevos y criar a sus polluelos.

El milano negro: ave rapaz que se suele ver en zonas despejadas como matorrales de baja altura. Come carroña, pequeños mamíferos, peces, reptiles…

El abejaruco: ave multicolor se alimenta de insectos que captura en vuelo, sus presas preferidas son las abejas.

Golondrinas, aviones y vencejos: verdaderos insecticidas naturales que se alimentan principalmente de mosquitos, con lo que seguro que nos salvan de más de una picadura.

LA ESTEPA FLORECIDA

El romero, el tomillo, la aliaga, el gamoncillo...

La estepa en primavera merece la pena ser visitada. Es asombroso la cantidad de colores y olores que se pueden descubrir.

Los primeros frutos de la primavera

Los álamos, chopos y olmos son los primeros árboles de ribera que están preparados para dispersar su semilla. Para eso utilizan diferentes estrategias, tratando de que esas semillas lleguen los más lejos posible y puedan encontrar un lugar adecuado en el crecer y convertirse en un árbol. Por ejemplo, los álamos y chopos las envuelven en una pelusilla blanca parecida al algodón que les ayuda a flotar en el aire, mientras que los olmos las rodean con una especie de ala, llamada sámara, que hace que vuelen como si fueran aeroplanos.