Biodiversidad y Naturaleza

Especies > Proyecto Cotorras Argentinas

Actividad en relación con el medio

Con la vegetación urbana

La incidencia sobre la vegetación se evidencia por el empleo de árboles como sustrato de nidificación preferido. Las ramitas entrelazadas que utilizan como materia prima deben obtenerlas de arbustos y árboles del entorno, lo que propicia, en algunos casos observados en árboles jóvenes del año, una mutilación casi completa que llega a acabar con él. El incesante crecimiento en tamaño del nido es otro de los factores que pueden generar daños al árbol hospedador, ya que en ocasiones se rompe la rama completa. El exceso de peso propiciado por varios nidos en un mismo árbol, si tiene cierto grado de inclinación, podría también favorecer la caída del árbol entero.

Los trabajos de retirada de nidos a menudo precisan el corte de la rama completa, lo que propicia podas forzadas que van dejando al árbol descompensado y/o estéticamente alterado.
Algunos árboles soportan más de 6 ó 7 nidos, cuyo volumen creciente llega a juntarlos a modo de nidos compuestos. Esta circunstancia se ha observado en Zaragoza en plátanos de sombra y pino carrasco.

Las hojas de las palmeras son utilizadas para dotar al nido del mantillo interior en las puestas, lo que genera que estas hojas se queden únicamente con el nervio central, con consecuencias al menos estéticas.

Con otras aves

Durante las tareas de gestión, en estos once años no hemos observado enfrentamientos directos con otras aves, salvo pequeñas peleas con urracas y grajillas por la ocupación de los nidos. En el caso de las urracas, es la cotorra argentina quien le roba el nido una vez abandonado, y en el caso de la grajilla son éstas quienes persiguen a las cotorras allí donde instalen una nueva colonia, para ocupar algunas de las cámaras de nidificación construidas por los loros. No es difícil ver un nido con varias cámaras utilizadas por grajillas y cotorras en armonía (cada especie en una cámara).

La ocupación de los nidos de cotorra por paloma bravía (Columba livia), paloma torcaz (Palumbus columbus), o tórtola turca (Streptopelia decaocto) también ha sido observada, si bien de forma muy escasa o casi testimonial, lo que permite suponer que ocupan de forma oportunista alguna cámara carente de interés para la colonia.

Las observaciones llevadas a cabo han constatado que las grajillas entran y salen con cierta fluidez de los nidos de cotorra, pero en ningún caso hemos observado que salgan con huevos, en lo que sería un comportamiento predatorio.

La ocupación de las paredes de los nidos de cigüeña común se salda con una tolerancia absoluta por parte de la cigüeña blanca. En este tipo de nidos, similares a los que construyen las cotorras en las palmeras, se observa la presencia como dormidero y nidificación de un elevado número de gorriones comunes (Passer domésticus).

La alimentación conjunta sobre las praderas de césped se torna pacífica entre diferentes especies. Estorninos (Turdus sp.), tórtolas turcas, palomas, y otras aves comparten el mismo espacio sin problemas.

La presencia de predadores alados no es significativa en el interior de la ciudad. Aunque el halcón peregrino se observa casi a diario en Zaragoza, no hemos observado ningún lance sobre las cotorras, en cambio a diario depredan sobre los bandos de estorninos a su entrada al atardecer a los dormideros urbanos.

En la ciudad no es difícil hallar restos de palomas u otras aves depredadas por felinos domésticos o por aves, si bien en pocas ocasiones hemos encontrado de cotorras.

Junto a la cotorra argentina hemos citado en Zaragoza varios ejemplares de cotorra de kramer (Psittacula krameri) y una aratinga de cabeza azul (Thectocercus acuticaudatus). Ninguna de estas especies ha conseguido adaptarse para su expansión en nuestra ciudad.

Una vez finalizado el control de los adultos de cotorra argentina en los parques urbanos, se ha observado una mayor presencia de pequeñas aves insectívoras, principalmente abubillas, gorriones, carboneros, herrerillos, pito real, etc.. Este dato lo han percibido algunos trabajadores de mantenimiento de estas zonas verdes.

Con el hombre

Nido caído sobre cruceta de plátano de sombra

El principal riesgo que el hombre puede tener por la presencia de esta especie se deriva de los centenares de nidos de más de 50 kg. desplegados por toda la ciudad. Esta circunstancia obliga a la administración local a intervenir como competente y responsable de velar por la seguridad de sus ciudadanos en los entornos urbanos. Esto podría plantear algunas dudas sobre si la competencia autonómica sobre el control de las especies invasoras debe resolver el problema de los municipios, pero es evidente que en Zaragoza ha sido la administración local la que lo ha llevado a cabo con medios propios.

Desde los primeros años de control de la especie hemos percibido un cambio en el sentir de las personas hacia ellas. Inicialmente su aire simpático, colorido en tonos agradables, y su carácter exótico y diferente, despertaba simpatía en aquellos ciudadanos que las descubrían. El paso del tiempo y el creciente número de nidos e individuos hizo que fuera cambiando esa percepción, quizás también por la mayor información sobre el carácter invasor de la especie.

Durante los meses de desnudez de los árboles de hoja caduca, la percepción del problema se acrecienta, ya que los nidos se hacen más visibles en esa época invernal, eso genera numerosas llamadas y requerimientos de la población para su retirada.

En Zaragoza hemos registrado varios casos de caída de nidos, no siempre vinculados a circunstancias climatológicas adversas, y donde sólo el azar ha evitado daños a las personas. El riesgo de caída se acentúa en periodos de lluvia por el incremento del peso de la madera, y por supuesto en caso de nevadas, que a buen seguro causarían numerosas roturas de ramas de pino carrasco. También el viento fuerte incrementa el riesgo. Todo ello incidirá sobre otra variable incontrolable, como es el estado de la rama hospedadora respecto a su capacidad de resistencia.

Otro potencial riesgo para la población sería la transmisión de alguna enfermedad contagiosa, como es la psitacosis. Zaragoza, en el año 2008, mantuvo en cuarentena una tienda especializada en la venta de animales de un centro comercial por un brote de esta enfermedad.

Se ha observado en Zaragoza la relación entre la rata negra y común (Rattus rattus y Rattus norvegicus) y los nidos de cotorra argentina. Estos roedores aprovechan la oportunidad ofrecida por las cotorras para ocupar sus nidos. Ignoramos si llegan a expulsarlas, ya que las ratas suelen utilizar nidos previamente abandonados, donde insertan un buen colchón de acículas de pino principalmente. El aumento de nidos abandonados por la cotorra en los últimos dos años de control ha favorecido una mayor cantidad de roedores, al menos en algunas zonas y mayormente sobre pino carrasco. La presencia de acículas nos permitía intuir antes de manipular el nido la existencia de roedores. Es previsible que las ratas depreden sobre las puestas de cotorra.