Correr delante de los Gigantes y Cabezudos es algo que todos los zaragozanos han hecho desde hace muchísimos años. El orígen de la comparsa está algo confuso en el tiempo, se tienen noticias de la existencia de estos personajes en antiguos textos municipales que relatan procesiones donde ya aparecían estas figuras.
La comparsa de cabezudos, que siempre ha estado unida a la de gigantes, hunde sus raíces en los tiempos de la Edad Media. Las primeras noticias que tenemos de ellos datan de hace casi dos siglos, concretamente de 1807, cuando se les describe en las crónicas de la ciudad. Sobrevivieron a los Sitios y en 1849 se encargó una nueva comparsa al escultor Félix Oroz, quien los diseñó llenos de frescura y con un punto desfachatez. Los cabezudos de esa época se mantuvieron en activo hasta 1964, cuando el valenciano Modesto González realiza un nuevo grupo basado en las tendencias de la moda de aquellos años. En el año 2001 el Ayuntamiento de Zaragoza decidió sustituir a los figurones de los cabezudos, recuperando la fisonomía que les diera Oroz.
El origen de la comparsa de gigantes de Zaragoza hunde sus raíces en la Edad Media cuando cuatro figuras, que representaban a las cuatro partes del mundo conocido, acompañaban las procesiones ciudadanas. En contraposición con los cabezudos, que se dedican a perseguir a los chavales, los gigantes desfilan ceremoniosos desde la privilegiada posición que les da su altura.
A mediados del siglo XIX, el agudo y ocurrente artífice Félix Oroz renueva y aumenta la Comparsa, quedando constituida por ocho gigantes. En 1999 el Ayuntamiento de Zaragoza decidió recuperar el aspecto que presentaban los Gigantes de Oroz. Aragonesa de Fiestas, bajo la supervisión estricta de Patrimonio, basándose en una abundante documentación escrita y gráfica lograron la recuperación de las figuras. Hoy los Gigantes son algo más chaparros y en sus rostros se adivina la ironía de Oroz y sus continuadores