31 octubre 2011

El Cementerio de Torrero incorpora desde mañana el Jardín de Cenizas a la oferta de servicios que pone a disposición de los ciudadanos

Inicialmente entra en funcionamiento la parte pública y gratuita, que ocupa los dos extremos del área natural habilitada en las inmediaciones del andador del Costa, en la zona antigua del recinto funerario

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Zaragoza, lunes, 31 de octubre de 2011.- El Ayuntamiento de Zaragoza incorpora el Jardín de Cenizas a la oferta de servicios del Cementerio de Torrero. Se trata de un espacio naturalizado, realizado con cuidado diseño, que se ha habilitado en la zona antigua del camposanto, cerca del andador de Costa, para ofrecer un tratamiento diferente a las cenizas procedentes de la incineración, acorde con los nuevos usos y demandas de la sociedad. Desde mañana, 1 de noviembre, los usuarios que así lo decidan podrán utilizar los dos extremos del jardín que permiten el esparcimiento de las cenizas de manera gratuita. La decisión de construir un Jardín de Cenizas en el cementerio de Torrero se enmarca en los trabajos de renovación y modernización que se iniciaron en el camposanto hace dos años y que combinan la intervención en la escena urbana con una mejora integral de la gestión. Los nuevos hábitos de la sociedad, que apuesta por diferentes fórmulas para honrar a sus difuntos, y la decisión municipal de diversificar las soluciones dentro del recinto funerario, favoreciendo aquellas que supongan un menor consumo de espacio, están en la base del nuevo servicio. Césped y color El Jardín se ubica en una superficie de 4.420 m2, que se corresponde con los antiguos cuadros 42, 44 y 46 del cementerio antiguo. La transformación de este sector ha permitido crear siete zonas de jardines en las que predominan las formas semicirculares, que alternan áreas de césped con andadores y espacios de gravilla (donde se ubicarán las cenizas) de distintos colores (rojo, amarillo, verde –con tres matices diferentes—y blanco). El nuevo sector queda delimitado por un muro de piedra de Calatorao, que permite identificar cada una de las partes del jardín, rotuladas con un número y el nombre de la piedra de color que lo caracteriza. Así, la zona 1, se denomina Macael (color blanco) Zona 2 , Serpentina (verde) Zona 3, Quipar (rojo) Zona 4, Lizardita (verde) Zona 5, Índalo (amarillo) Zona 6, Antigorita (verde) Zona 7, Mármol Blanco (blanco). Cómo utilizar el Jardín Las zonas 1 y 7, que se sitúan en los extremos de esta construcción funeraria, se destinan al uso público y desde mañana entran en funcionamiento en fase de prueba. Los familiares que esperan el fin del proceso de incineración de un ser querido recibirán información sobre esta nueva fórmula. Quienes la elijan podrán encaminarse, sin ayuda de ningún operario del cementerio, al Jardín y esparcir las cenizas. Este sistema no supone ningún coste para los usuarios y no obliga a registrar esta última acción en el Cementerio, aunque sí se ofrecerá un libro en el que voluntariamente se podrá dejar constancia del acto. El Jardín de Cenizas será objeto de mantenimiento y se regará dos veces al día mediante un sistema de aspersión incorporado al recinto, que permite que las cenizas se filtren entre las piedras y se depositen sobre la capa de tierra. El resto de sectores del Jardín se ha concebido con un concepto diferente, ya que se dividirá en cuadrículas de 50 x 50 cm, suficientes para poder enterrar las cenizas, que se incorporarán preferentemente en una urna biodegradable o en una bolsa de las mismas características, aunque también se admitirán contendores de materiales perdurables. A su lado se colocará una planta (de santolina, romero, espliego o phitosporum, según los sectores) y una placa con el nombre de la persona fallecida. Este método implica el registro del depósito en la base de datos del Cementerio, y conlleva el pago de tarifas, ya que el interesado, además de abonar los 22 euros en concepto de concesión por cinco años, igual que en los columbarios, deberá aportar una cantidad, aún no definida, por la planta, la placa y el mantenimiento. Las familias que utilicen el Jardín podrán renovar la concesión del espacio a los cinco años, al igual que se hace con otras unidades funerarias o renunciar a este contrato. En este caso, si la urna empleada era biodegradable, no se recuperarán las cenizas. No obstante, este sector del Jardín, que se concreta en los espacios de 2 a 6—ambos incluidos— está pendiente de entrar en funcionamiento en fechas próximas. En total, tiene capacidad para el enterramiento de 500 urnas, pero puede ampliarse en las zonas de césped, constituidas en superficie de reserva, hasta los 1.500. Todo dependerá del grado de aceptación que tenga esta fórmula entre los ciudadanos. El Jardín permite el paseo en su interior y por ello se ha buscado crear un rincón evocador, que invite al recogimiento y a la tranquilidad. Se trata de un modelo funerario que ya tiene antecedentes en otras ciudades españolas, como el construido en Granada, o el Jardín de los Aromas de Montjuïc, en Barcelona. De esta manera el Jardín de las Cenizas de Zaragoza se une como oferta de servicio a las zonas de columbarios, al sector de depósito de cenizas en tierra o cinerarios, a las fosas comunes y a otro tipo de bienes funerarios, tales como nichos, sepulturas, capillas, y panteones. Cambio social La opción por la incineración representa un verdadero cambio cultural. En Zaragoza, en el año 2000, sólo elegían esta opción el 31,48% de los fallecidos. Hasta el 2007 no alcanzó porcentajes similares a los de la inhumación, y desde ese momento no ha parado de crecer. En 2010, un 57,38% se decantó por la cremación, y según los datos recogidos hasta el 28 de octubre de 2011, este sistema se ha utilizado con el 56,48% de los fallecidos. En otros países de la Unión Europea se trata de un modelo arraigado en la sociedad desde hace tiempo. La iglesia católica aprobó la cremación en el pontificado de Pablo VI, en 1964, pero los servicios funerarios de nuestro país no incorporaron esta posibilidad hasta bastante tiempo después. En Zaragoza no se instaló el primer horno crematorio hasta 1980, cuando contabilizó 15 incineraciones.