Cultura

Desde el paseo de los Plátanos, visita al Rincón de Goya, avenida de los Bearneses y jardín clásico

Retomamos nuestra andadura por el paseo de los Plátanos, a la izquierda nos acompaña la imagen del Jardín de la Rosaleda y en su margen derecha se extiende una pradera ligeramente empinada y un paseo que flanquea el rio Huerva. Descendemos por la misma y en un espacio señalado mediante cinco altos cipreses se encuentra el monumento a Pardo Sastrón (1822-1909), farmacéutico y botánico representado por Pedro Sánchez Fustero. Es una obra que sigue los planteamientos de las representaciones de figuras ilustres, en este caso como se puede apreciar destaca por la gran severidad y rudeza del rostro surcado por las arrugas, así como por el talante realista de su mirada, dirigida hacia el rio Huerva.

Si volvemos al paseo de los Plátanos, la intervención artística del asfalto nos conduce hacia uno de los espacios más emblemáticos y primigenios del parque, el Rincón de Goya, un espacio dedicado al pintor Francisco de Goya proyectado por el zaragozano Fernando García Mercadal en 1926 para conmemorar el primer centenario de la muerte del artista. De hecho, el busto del pintor aragonés modelado en París por Félix Burriel preside la zona desde 1946, en una versión de bronce similar a la que se puede contemplar en el patio del Museo de Zaragoza.

Dentro de este anfiteatro natural bordeado por el rio Huerva, que conforma topográficamente el Rincón de Goya, se integra el primer edificio perteneciente al Movimiento Moderno de arquitectura construido en España. Esta construcción es reflejo de cómo las tendencias racionalistas de la arquitectura Europea llegaron a nuestro país y en concreto a Zaragoza. Es una arquitectura caracterizada por la sencillez y la claridad compositiva, la utilización de formas cúbicas, la búsqueda de espacios dinámicos y el juego de claros y oscuros en sus fachadas, utilizando para ello materiales como el hormigón y el vidrio. En todo caso, el edificio actual del Rincón de Goya ha recibido sucesivas reformas que han modificado su diseño originario, no obstante son numerosas las fotografías conservadas de la época, las cuales nos permiten acércanos a la concepción moderna de García Mercadal. Junto a este edificio, se sitúa un pequeño jardín y una explanada que actúa como punto más extendido de descanso en el parque.

Desde el camino de los Plátanos atravesamos otra de las vías más importantes y amplias del parque, la avenida de los Bearneses, cuya denominación homenajea a los mercaderes originarios del Bearne instalados en la capital aragonesa desde la Edad Media. Al igual que el anterior paseo, es un espacio muy adecuado para disfrutar de un recorrido en bicicleta. Cruzamos la avenida de los Bearneses de manera trasversal y pasamos un pequeño puentecillo que nos introduce en una zona ajardinada longitudinal (paralela a la avenida de los Bearneses y a la acequia de las Abdulas). Es uno de los jardines clásicos del parque, cuyo trazado se compone de un paseo central, en el que se suceden parterres encerrados en setos, plazoletas y cruces de caminos decorados por monumentos. Es un conjunto ordenado y claro en su concepción, dedicado al deleite y al descanso.

Frente al puentecillo observamos el monumento a la Exposición Hispanofrancesa de 1908 y a Basilio Paraíso (1848-1930) que fue trasladado al paseo de la Lealtad -actual paseo de Pamplona- de la ciudad al parque en 1947, realizado por los hermanos Miguel y Luciano Oslé. Se representa a Basilio Paraíso de medio cuerpo, empresario y promotor de la exposición, junto a la alegoría de Zaragoza, encarnada por un león con dos niños portando sus atributos que simbolizan el Comercio y la Industria. Las obra se completa con tres relieves en los laterales relacionados con el progreso y el trabajo en Aragón, valores y conceptos presentes en la exposición Hispanofrancesa. Si por algo llama la atención, es por su gran tamaño y potencia visual.

Continuado por la vía central del jardín, encontramos tres monumentos que conmemoran a tres personalidades pertenecientes al mundo del espectáculo aragonés. En primer lugar el monumento al tenor aragonés Miguel Fleta (1897-1938), fue la última obra del escultor Ángel Bayod, realizada en 1979. Posteriormente se incluyó un estanque circular que enaltece la figura del tenor, en bronce, representado en actitud de cantar un aria de opera sobre un pedestal de piedra parece avanzar sobre él, hacia el paseo de los Bearneses, con paso firme extiende sus brazos para dirigirse al gran público.

Siguiendo por el paseo central de los jardines, nos encontramos con otro de los monumentos más originales, es el monumento al actor turiasonense Paco Martínez Soria (1902-1982), cuyo busto esculpido por Miguel Cabré es abrazado por una estructura arquitectónica a emulación de un telón teatral, diseño de Francisco Miguel Barceló. La obra fue realizada en bronce y cemento e inaugurada en 1985.

Al final del jardín clásico, observamos el busto de Joaquín Dicenta (1862-1917) del escultor Honorio García Condoy, que tras varias ubicaciones, desde la plaza Salamero al almacén municipal por motivos políticos, encontró su lugar en el parque. Dicenta fue escritor y destacó por introducir la temática social en los escenarios. El busto se representado "manera romana", se caracteriza por el torso desnudo, recubierto parcialmente con una toga. El semblante serio y la profundidad de la mirada otorgan rigidez a la representación.

Frente a este, siguiendo nuestro paseo, llegamos hasta el punto principal del parque José Antonio Labordeta, un espacio abierto comprendido entre las dos fuentes más destacadas: la fuente oval que culmina el paseo de San Sebastián, trasladada de plaza Paraíso al parque en 1975. Frente a ella, la cascada del Batallador, adaptada a la singularidad del terreno escarpado, presenta un estanque a los pies adornado con jardinería, realizada en 1991. Los saltos de agua escalonados de la cascada a la manera italiana y la escalera en zigzag, compuesta por un elegante balaustre y decorada mediante bolas escultóricas acrecientan el efecto escenográfico. Al otro extremo de la fuente, se sitúa el monumento que el Gobierno de Venezuela donó a Zaragoza del presidente venezolano Simón Bolivar (1783-1830) en 1970 del escultor Tenerani Pietro. El busto sobre un esbelto pedestal troncopiramidal da la bienvenida a los paseantes en otro de los accesos al parque, por el paseo Mariano Renovales, de hecho, la mirada realista del presidente mira directamente hacia la entrada.

Abandonamos esta parte del parque José Antonio Labordeta por las escaleras que flanquean la gran cascada monumental, para dirigirnos a la zona más alta del conjunto, el Cabezo de Buenavista.