Cultura

Del Puente Trece de Septiembre a la calle de Isabel Zapata, visita al Jardín Botánico "Xavier Winthuysen" y el paseo de los Plátanos

Nuestro recorrido comienza desde el Puente Trece de Septiembre (Bien de Interés Cultural) sobre el Río Huerva, el acceso monumental del parque, ya que sobre él, se aprecia la imagen más completa y atractiva del panorama. Diseñado por el arquitecto Miguel Ángel Navarro en 1929, esta construcción es representativa de la arquitectura zaragozana de la época, en la que perduraban elementos historicistas y eclecticistas, combinados con otros constructivos y ornamentales propios de la tradición local. Desde este punto se extiende la visión del paseo de Sebastián, constituido por dos ramales separados por un conjunto de jardines longitudinales que presentan parterres geométricos, jarrones ornamentales y tres amplias fuentes. La perspectiva culmina con la magnífica cascada y la figura colosal del Batallador dominando el horizonte. Es un trazado que retoma los principios de los jardines clásicos a la manera francesa, caracterizados por las principales vistas en perspectiva, la utilización de bosquetes y parterres, la variedad de plantaciones y la decoración escultórica. También hay que destacar el papel fundamental que juega el agua, por ser un elemento que otorga vida y una sensación de espontaneidad al conjunto verde. A rasgos generales, el diseño general de parque es heredero de la tradición decimonónica, en el que confluyen formas libres del jardín paisajista y elementos del jardín clásico.

Frente al puente, el Memorial de José Antonio Labordeta recibe y anuncia el nombre del parque a sus visitantes. Sobre el césped, el monumento, a su vez, dedicado al aragonés José Antonio Labordeta muestra el carácter minimal de la escultura contemporánea, de gran sencillez pero con un alto contenido simbólico, es vestigio del mundo actual.

Una vez atravesado el monumental puente giramos a la derecha para iniciar nuestro itinerario por el pintoresco paseo de los Plátanos, cuyo trazado sigue el curso del río Huerva. En el inicio del mismo, a mano derecha, se sitúan el Museo Etnológico y el Museo Cerámico, cuyos edificios reproducen modelos de la arquitectura popular de Ansó (conjuga elementos del Pirineo de Huesca, especialmente de los valles de Benasque, Ansó, Hecho y Sierra de Guera) y de la Sierra de Albarracín de Teruel (toma como modelo elementos de la casa de Bronchales, Calomarde, Albarracín y Orihuela del Tremedal). Se construyeron hacia 1955 bajo el proyecto de Alejandro Allanegui.

En la margen izquierda del paseo se abre uno de los enclaves más idílicos, la plaza de la Princesa, a la que se puede acceder a través de varios caminos radiales que conducen al centro, donde se encuentra presidiendo el espacio la Fuente de la Princesa, obra del escultor Tomás Llovet en homenaje a la joven reina de entonces, Isabel II. Fue la primera fuente que poseyó Zaragoza para el abastecimiento del agua traída desde el Canal Imperial, y fue construida en 1845 en la actual Plaza de España y trasladada al parque en 1946. Antiguamente estas fuentes se colocaban en el centro de la ciudad para abastecer de agua a la población, por lo que acabaron creando a su alrededor lugares de reunión, de ahí el enriquecimiento ornamental de las mismas y la función estética actual. Este monumento constituye a su vez un gran interés histórico para la ciudad, ya que fue el gobierno francés quién encargó el proyecto a Llovet, siendo por lo tanto testimonio de la ocupación francesa en la ciudad de Zaragoza entre 1808-1809. El dios Neptuno heroico, preside el conjunto sobre un pedestal decorado con guirnaldas y elementos vegetales, esta representación fue un recurso iconográfico recurrente en la época barroca y también arraigada en los artistas neoclásicos, es la asimilación del clasicismo académico. La plasticidad escultórica de la fuente y el murmullo del agua que brota sobre el estanque enriquecen el conjunto monumental, dotando de una gran presencia a la plaza, la cuál, se adorna con palmeras y moreras.

Continuamos por el paseo de los Plátanos o de los Plataneros, cuyo nombre se debe a la especie arbórea que lo flanquea, frecuente en los parques urbanos por su porte y frondosidad. Es una de las principales calles interiores que introduce al paseante en el corazón del parque. Además, desde la primavera de 2015 este paseo muestra una nueva imagen tras una intervención artística en su asfaltado, con un recorrido de 1,2 kilómetros, en el que se reproducen en color verde las sombras de los árboles y las bandadas de los pájaros, una propuesta de Alicia Gracia y Sandra Liarte. El objetivo de las artistas era que la intervención se adecuara a criterios de conciliación, sostenibilidad y fácil mantenimiento, aunando a ello, el valor natural y representativo del entorno.

Del camino nace perpendicularmente la calle de Isabel Zapata y que flanquea a su vez, un lateral del Jardín Botánico. En ella se localiza una escultura dedicada a la jotera aragonesa Isabel Zapata, realizada por el escultor Francisco Rallo Laoz en 1980, que pasa totalmente desapercibida por su recóndita ubicación. El monumento es acogido por una exedra circular de piedra que otorga un carácter intimista y solemne a la escultura, siendo a su vez, el punto de fuga de uno de los senderos del jardín del Cupresal. La bailarina, ataviada con la vestimenta tradicional aragonesa, se representa en relieve sobre la lápida, portando la inscripción. Destaca por la combinación de piedra y bronce, creando un contraste original.

Tras esta escultura, el Jardín Botánico "Xavier Winthuysen", denominado así en honor al jardinero sevillano, cuyo origen se remonta a los años setenta del siglo pasado, realizado bajo el diseño de Rafael Barnola y Mariano Cester. En un total de 17.000 metros cuadrados podemos contemplar una amplia variedad de especies arbóreas y arbustivas de distintos lugares de origen. En su interior, se conservan ejemplares de unos bancos de piedra de interés artístico fechados hacia los años diez y veinte del siglo pasado, caracterizados principalmente por la decoración de azulejos, realizados por el ceramista andaluz Juan Ruiz de Luna, que mostraban publicidad de la época.

Estos bancos han estado emplazados en el paseo de Sagasta de Zaragoza, en el paseo del Canal Imperial y finalmente se dispusieron en el Jardín Botánico de Zaragoza. En 1925, el escultor Mario Lausen, afirmaba en relación a los bancos publicitarios: "Es innegable que estos en cuanto a su presentación han constituido un verdadero acierto como lo prueban las peticiones que el proponente ha recibido de los Ayuntamientos de Calatayud, Caspe, Cariñena, Ejea y algún otro para la colocación en estas localidades de bancos iguales, sin haber sido aceptados para no disminuir el valor a los de Zaragoza por su prodigalidad". De hecho, bancos similares se había construido en la Casa de las Fieras del Retiro de Madrid, en el Parque de María Luisa de Sevilla y en los Viveros Municipales de Valencia.