Cultura

Por el Andador Costa

La puerta de acceso al Cementerio Antiguo da paso al andador Costa, eje norte-sur y principal calle de la necrópolis zaragozana. Su trazado data de 1844 y en él se encuentran algunos de los panteones y enterramientos de mayor interés.

Ante la sorpresa de la reciente e incomprensible destrucción del primer panteón del andador, perteneciente a la familia Lahoz (1880), encontramos poco después las primeras obras realizadas ya en el siglo XX, dentro de la transgresora estética modernista. En primer lugar El Panteón de la familia de Antonio Morón Lázaro, actualmente Gardeta-Guinda (1904), en el que destaca la escultura en piedra "El Silencio", obra de Dionisio Lasuén. Una mujer, junto a la puerta de acceso a la cripta del panteón, pide silencio a los viandantes con el dedo índice sobre la boca. El trabajo de forja de la verja, con motivos vegetales, es magnífico, lo ornamental no es accesorio, aquí es protagonista.

Enfrente, el panteón de las familias de Mariano Murillo y Miguel Portolés (1909) se resuelve escultóricamente como un espacio escenográfico. Un ángel femenino señala con su mano a una mujer que se eleva sobre un muro en talud, representando la resurrección de los muertos. El vallado en hierro forjado y piedra, y unos vistosos maceteros prismáticos con revestimiento cerámico bicolor -blanco y negro-, completan la estética modernista.

Más adelante, se hallan tres de las obras escultóricas de mayor entidad del cementerio, realizadas por el escultor catalán Enrique Clarasó (1857-1941), uno de los escultores más interesantes del panorama español a principios del siglo XX.

 

En la cabecera del Panteón de la familia Ginés (1905) se encuentra la escultura titulada "Dejando la tierra", estatua en mármol cubierta por un sudario que deja transparentar un sensual cuerpo femenino, representación del alma en su tránsito a la otra vida. Las formas sinuosas y ondulantes, el velado erotismo de la anatomía, el sutil mensaje o el cerramiento con hierro forjado y piedra, hacen de esta obra de Clarasó, de clara estética modernista, una de sus más notables aportaciones al arte funerario.

Sigue a éste, Memento Homo. Panteón de la familia Aladrén (1903), configurado por la estatua de un hombre joven desnudo -sólo cubierto por la cintura- que está en actitud de cavar su propia tumba. Escultura cargada de simbología, en la que resulta llamativo el tratamiento formal: La rotundidad de la anatomía, la descripción de la musculatura o la representación del esfuerzo, aquí con un planteamiento realista. La obra obtuvo medalla de honor en la Exposición Internacional de París de 1990, y de la misma existen varias réplicas.

Enfrente se encuentra El tiempo. Panteón de las familias Gómez y Sancho (1907), con la estatua sedente que da título al panteón, también obra de Clarasó, en la que se representa a un hombre de avanzada edad, con el torso desnudo, pasando las hojas del simbólico libro del tiempo.Es obra realista, con exagerado tratamiento de la musculatura, como la anterior. En ambos casos destaca la cuidada ejecución sobre mármol blanco veteado de gran calidad.

En el cruce con el andador de la Fosa Común, destaca el panteón de la familia Lara Faguas (1951). Alta construcción de forma prismática a modo de pequeño templo, con entablamento y frontón clásico, obra del arquitecto Antonio Chóliz. En la fachada se halla la estilizada escultura en piedra de "Cristo Ascendente", del zaragozano Juan Antonio Bueno Bueno, representativa de las formas e intenciones de la escultura zaragozana del período de posguerra.

Siguiendo por este segundo tramo del Andador Costa nos topamos con el panteón de Miguel Fleta, en el lado oeste, de dimensiones considerables pero algo desangelado en el conjunto. En el centro la tumba y sobre un pedestal que hace ángulo en una de sus esquinas, el busto del tenor aragonés en bronce, obra de Gómez Ascaso, colocada con motivo del centenario del nacimiento del tenor.

Más al sur, y en el lado este, una sencilla tumba en piedra negra de Calatorao con el lacónico epitafio "A CAVIA", acoge los restos del periodista y escritor zaragozano Mariano de Cavia (1865-1920). Enfrente el panteón del Excmo. Cabildo (hacia 1877), a modo de pequeño templo de planta octogonal y estética neorrománica.

Al final del Andador observamos las manzanas de nichos proyectadas por Miguel Ángel Navarro (1924), dentro de una orientación neoclásica en las que emplea la sobriedad del orden dórico. Girando hacia la izquierda, lado este, por el andador "D" nos fijamos en el panteón del historiador del arte José Camón Aznar, (cuadro 35, 1980) que tenía una interesante "Piedad" en bronce, del escultor Venancio Blanco. Era el mejor ejemplo de la escultura española de fin de siglo XX existente en el Cementerio. Desgraciadamente, en el momento actual está en paradero desconocido, ya que ha sido robada. Enfrente, el panteón de la familia de Alejandro Palomar de la Torre (1907), nueva obra del escultor Enrique Clarasó, en la que dos niños oran ante la tumba, junto a un bello crucifijo modernista. El hierro y la piedra se complementan.

Regresamos al andador Costa para contemplar el Mausoleo de Joaquín Costa (1914). Erigido por suscripción pública, tras un concurso de proyectos del que resultó ganador el presentado por el escritor Manuel Bescós y el pintor Félix Lafuente. Se concibe como una montaña artificial de material pétreo rematada por el busto-retrato de Costa esculpido por Dionisio Lasuén, muy sobrio y contenido, por lo que contrasta con la grandilocuencia del conjunto. Del complejo programa iconográfico diseñado, sólo se realizaron algunos elementos, como una reproducción en mármol del Partenón, símbolo del fervor de Costa por el pensamiento de la Grecia clásica. Una losa vertical cierra el sepulcro con el epitafio escrito por Bescós. Lo arquitectónico y escultórico ceden protagonismo a un diseño más literario y pictórico. La utópica propuesta de Lasuén de esculpir una gran efigie de Costa en la cumbre del Moncayo, encuentra aquí la materialización de lo posible.

El Mausoleo de Costa es un hito referencial del Cementerio, cierra la parte del Cementerio Antiguo y da paso a la Ampliación Costa realizada en 1958. Un espacio acotado en el que destacamos el panteón de Eduardo Álvarez y Pilar Sarto (1978), con la estatua de un desnudo femenino en una sensual postura, sobre la losa que cubre la tumba. Es obra en bronce del escultor Miguel Cabré. Y en lo arquitectónico es llamativo el panteón de la familia Briceño. Moderna y funcional construcción de cubierta plana, en la que los materiales, cristal, mármol o aluminio, son protagonistas.