Los cementerios contemporáneos surgen en los albores del siglo XIX, como sustitutos de la milenaria tradición de enterrar a los muertos en las iglesias parroquiales. Al dolor de la muerte se añade el sufrimiento del alejamiento. Los cementerios pasan a ser "ciudades de la memoria" o "espacios de la ausencia" en los que se proyecta la ciudad de los vivos. Su creación fue revolucionaria y tardó en introducirse. Ni la Real Cédula de 1787, ni otras órdenes y decretos posteriores, fueron cumplidas, ya que no fue fácil cambiar una costumbre de fuerte arraigo popular. Con un planteamiento higienista, se pretendía evitar la propagación de epidemias.
El cementerio de Torrero data de 1834. Se buscó una ubicación idónea, al sur de la ciudad, alejado "a media legua", sobre una zona alta -el monte de Torrero del que toma su nombre- y bien aireada. Fue proyectado por los arquitectos Fernando de Yarza y Joaquín Gironza sobre una superficie rectangular de "unas sesenta mil varas cuadradas". La titularidad fue compartida entre las parroquias de la ciudad y el Ayuntamiento, hasta que en 1867 pasó e ser de propiedad municipal exclusivamente.
El crecimiento de la población zaragozana a lo largo de los siglos XIX y XX ha llevado parejo el aumento de los enterramientos, y en consecuencia han sido necesarias sucesivas ampliaciones para dar cabida a las necesidades de la ciudad.
Hoy el cementerio de Torrero es un espacio acotado de más de 500.000 m2 con escasas posibilidades físicas de crecimiento. Configurado según el modelo de cementerio-ciudad propio de las necrópolis latinas, se ordena en calles o andadores y en manzanas o cuadros, con bancos, árboles y farolas, como si de una ciudad se tratara. Es un espacio para la ajetreada actividad funeraria diaria, pero lo es también para el paseo y la contemplación del arte funerario de gran calidad que contiene.
El itinerario que se propone, nos acerca a las obras artísticas -arquitectónicas y escultóricas- de mayor enjundia. También tiene interés, ya que aquí yacen los hombres y mujeres que han forjado la Zaragoza contemporánea o han tenido proyección más allá. En suma, está la historia de la ciudad de los dos últimos siglos.
El mayor interés artístico se concentra en el llamado Cementerio Antiguo, por lo que partiremos desde su puerta principal, recorriendo sus principales andadores, ahora adoquinados, aunque en ocasiones utilizaremos también caminos de tierra.
Se sigue un orden razonable para ver lo más destacado. Las partes correspondientes a la Primera Ampliación y al Cementerio Contemporáneo se plantean como opcionales. El tiempo empleado queda a gusto del paseante.
Autor del Itinerario: José Ramón Morón