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ZARAGOZA PROTAGONISTA DE UNA DE LAS OBRAS CUMBRE DE LA LITERATURA FANTÁSTICA UNIVERSAL
JAN POTOCKI, Manuscrito encontrado en Zaragoza
Jan Potocki (1761-1815). El conde Jan Potocki nació el en castillo de Pików, en Podolia (región entonces polaca, posteriormente anexionada por Ucrania), de familia noble, hijo de Józef Potocki y Anna Teresa Ossoli%u0144ska. Sus primeros estudios los hizo en su país, recibiendo una sólida educación, y a los doce años fue enviado a Suiza para continuarlos en Ginebra y Lausana, donde se inició en el conocimiento de las ciencias y en los estudios literarios y lingüísticos. Los años de su educación suiza dieron al joven aristócrata una curiosidad por las ciencias, que fue creciendo, y un sentimiento cosmopolita de la vida. A su regreso a Polonia abrazó la carrera militar, como era costumbre en la nobleza. Ingresó en la Academia Militar de Viena, pero pronto la abandonó para consagrarse a las dos pasiones que iban a dominarle hasta su muerte: los viajes y los estudios. Decidido a saberlo todo, no tardó en poseer una cultura enciclopédica, y un dominio de casi todas las lenguas modernas, además de las clásicas. Al mismo tiempo, el joven conde Potocki se contagió del espíritu liberal y progresista que imperaba en la ilustrada de la corte polaca, cuyo soberano, Estanislao Augusto, era uno de los protectores de la masonería, a la que pertenecían algunos de los grandes señores de la nobleza. Algunas damas compartían ese espíritu, entre ellas la princesa Isabel Lubomirska, nacida Czartoryska, con una de cuyas hijas, la princesa Julia, se casaría Potocki pocos años después.
Cuando se suicidó en 1815, el viajero, político y conspirador, científico y arqueólogo Jan Potocki, dejó muchos textos inéditos. Una vida extraña. Y esa misma extrañeza envolvió y envuelve a su libro más célebre: El manuscrito encontrado en Zaragoza, que empezó a bosquejar en torno a 1797. Entre 1804 y 1805 aparecieron unas pruebas de imprenta en San Petersburgo, pero hubo que esperar algunos años para que pudiese hablarse de ese texto y de un libro; en 1809, se publicaron fragmentos en alemán. Manuscrito encontrado en Zaragoza, novela escrita por el conde polaco Jan Potocki, una de las grandes principales joyas de la literatura fantástica de todos los tiempos. Aparece retratada la España del siglo XVIII, con majos, inquisidores, marquesas y endemoniados.
La historia arranca en los Sitios de Zaragoza.
La noche del dos de diciembre de 1815, una bala de plata disparada por mi propia mano puso fin a mi vida. Han pasado casi dos siglos, y desde entonces mi atormentado espíritu no ha cesado de vagar sobre la tierra, en busca del lugar y de la oportunidad que me permitan romper la maldición y descansar para siempre. Por eso he venido ahora a Zaragoza: el momento que ansío ha llegado? Y es que, hace ahora exactamente doscientos años, mi hijo Alfred Wojciech Potocki, capitán de Dragones del ejército del emperador Napoleón Bonaparte, encontró tras uno de los sangrientos asaltos a esta ciudad el libro que iba a cambiar mi vida y mi destino? El manuscrito encontrado en Zaragoza llegó a mis manos y se convirtió en una obsesión para mí, en la puerta iniciática que me abrió paso a otro mundo mágico del que ahora, por la especial confluencia astral que va a tener lugar, tengo la oportunidad de escapar.... Por fin he llegado a las puertas de esta ciudad milenaria en la que ya estuve en mis dos viajes por España, hace tanto tiempo, cuando era gobernada por el ilustrado rey Carlos III y nada de lo que vino después podía ni siquiera imaginarse?. Y aquí estoy, pues, con mi libro bajo el brazo durante estos escasos días del verano en que el pasadizo astral entre en el mundo de los vivos y los fantasmas del pasado permanece abierto? Las sombras de las princesas moras Amina y Zibedea aparecen en el primer lugar al que me dirijo, el palacio de los antiguos reyes de la Taifa, donde reconozco a su padre, Massud, el Jeque de los Gomélez, disfrazado con ropas de este siglo, entre una multitud de hombres serios y solemnes. Me mira y se lleva el índice a los labios: silencio.
El mundo ha cambiado, conde, y la ciudad también, me dice atusándose la barba con sus dedos largos y huesudos. Por eso estoy aquí: para ayudarte, para que no te pierdas. Para ser libre, deberás encontrar el lugar exacto en el que depositar tu libro. Reconocerás algunos espacios y lugares en tu recorrido, pero otros serán totalmente nuevos para ti. Pero no temas, tendrás ayuda. El Caballero de la Cruz de Flores te proporcionará una luz para que encuentres el camino?.Y se esfumó dejando en el ambiente un leve olor a sándalo ...
... En el limbo de donde vengo el tiempo no existe. He perdido su noción. No estoy acostumbrado al frenético paso que miden los relojes. Tiempo, tiempo? Tengo tan poco, y esta ciudad se ha hecho tan grande? Hurgo en mis recuerdos tratando de recordar cómo era, de reconocer cúpulas y torres convertidas en banderas que se alzan sobre el mar de tejados, en señales que orienten mis pasos vacilantes. ¡Es todo tan distinto! Qué sensación extraña, el mismo espacio y volúmenes diferentes, calles y plazas que ocupan el mismo lugar de aquellas otras que hace más de doscientos años recorrí, pero que ahora ya no son aquéllas, salvo un edificio, una iglesia, un arco que enciende la luz en mi memoria. A ellos me aferro, en ellos busco la señal que oriente mis pasos ...
... Me encuentro con aquel pintor de cámara que me retrató en Madrid en 1791, durante mi segundo viaje a España. Me mira y se ríe: ¿No ves que no te ven, y que tú no puedes verlos? Necesitas un cuerpo, volver a ser materia. Tú necesitas carne. Y reza, polaco, que buena falta te hace?. Estoy perdido, desorientado. Ha llegado el momento de hablar con el Jeque Massud. Lo invoco y aparece de nuevo en medio del gentío. Sus ojos me sonríen, entre sorprendidos y severos. ¿Aún no has visto al Caballero del que te hablé? Búscalo en el corazón de la ciudad, cuando se produzca la conjunción de la devoción y la alegría. Y se volvió a desvanecer dejando tras de sí el perfume delicado de los tilos en flor ... La noche, el día ... Los mismos edificios, las mismas calles y plazas, pero ¡qué distinto el paisaje! Y ese viento tibio, luminoso y persistente que azota las hojas de los árboles y agita las banderas, ese cierzo que aún no siento contra mi cara ...
No puedo darte carne, conde, pero sí papel, tinta y pluma?
En esta ciudad todo es posible, los sueños pueden convertirse en realidad, y yo debo conquistar el mío. Desde arriba, la ciudad es otra: tejados rojizos punteados por las agujas de las torres, esmaltados por los reflejos de la azulejería mudéjar, salpicada en sus extremos por el volumen rotundo de los edificios modernos y las fábricas.
Ediciones:POTOCKI, J., Manuscrito encontrado en Zaragoza, Valdemar, Madrid, 2002.
POTOCKI, J., Manuscrito encontrado en Zaragoza, Alianza Editorial, Madrid, 2008.
BERNAD, F. y MARCOS, D., El Manuscrito retornado a Zaragoza, Tierra ed., Zaragoza, 2008