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ZARAGOZA EN LA ÉPOCA DE BALTASAR GRACIÁN

GRACIÁN, El Criticón

Baltasar Gracián y Morales (Belmonte de Gracián -Calatayud, 1601 - Tarazona, 1658), aragonés universal, escritor del Siglo de Oro que cultivó la prosa didáctica y filosófica y puede considerarse la figura egregia de la cultura barroca. Entre sus obras destaca El Criticón (1651) - alegoría de la vida humana - que constituye una de las novelas más importantes de la literatura española. Su producción se adscribe a la corriente literaria del conceptismo. Forjó un estilo construido a partir de sentencias breves muy personal, denso, concentrado y polisémico, en el que domina el juego de palabras y las asociaciones ingeniosas entre estas y las ideas. El resultado es un lenguaje lacónico, lleno de aforismos y capaz de expresar una gran riqueza de significados. El pensamiento de Gracián es pesimista, como corresponde al periodo barroco. El mundo es un espacio hostil y engañoso, donde prevalecen las apariencias frente a la virtud y la verdad. El hombre es un ser débil, interesado y malicioso. Buena parte de sus obras se ocupan de dotar al lector de habilidades y recursos que le permitan desenvolverse entre las trampas de la vida. Para ello debe saber hacerse valer, ser prudente y aprovecharse de la sabiduría basada en la experiencia. Incluso disimular y comportarse según la ocasión. Todo ello le ha valido a Gracián ser considerado un precursor del existencialismo y de la postmodernidad. Influyó en librepensadores franceses como La Rochefoucauld y más tarde en la filosofía de Schopenhauer. Sin embargo, su pensamiento vital es inseparable de la conciencia de una España en decadencia, como se advierte en su máxima floreció en el siglo de oro la llaneza, en este de yerro la malicia.

Después de un largo periodo recorriendo la geografía española (Toledo, Tarragona, Lérida, Valencia, Gandia, Huesca, Calatayud ...) formándose y ejerciendo la docencia, en 1639 llegó a Zaragoza, nombrado confesor del virrey de Aragón Francisco María Carrafa, duque de Nochera, con quien viaja a Madrid, donde predicó y publicó su segunda obra, El Político (1640) y ultimó la primera versión de su tratado teórico sobre estética literaria barroca, titulado Arte de ingenio, tratado de la agudeza (1642). Fue destinado a Zaragoza en 1650 con el cargo de Maestro de Escritura, y al año siguiente publica la primera parte de su obra cumbre: El Criticón. A excepción de El Comulgatorio, Gracián publicó toda su obra sin el preceptivo permiso de la Compañía, lo que provocó protestas formales que fueron elevadas a las instancias rectoras de los jesuitas. La aparición en 1657 de la tercera parte de El Criticón determinó su caída en desgracia: se le impuso como penitencia ayuno a pan y agua - prohibiéndole incluso disponer de tinta, pluma y papel-, y se le privó de su cátedra de Escritura del Colegio Jesuita de Zaragoza. Terminó sus días desempeñando varios cargos menores en el Colegio de Tarazona, donde falleció en 1658.

Zaragoza, capital del Reino de Aragón, experimenta en la época de Baltasar Gracíán cierta decadencia económica, demográfica, social y política; sin embargo, aún perdura un ambiente cosmopolita que tanto había llamado la atención a los viajeros llegados hasta la ciudad en el siglo XVI. Las epidemias habían diezmado la población de la capital (de más de 24.000 habitantes en 1625 se pasó a menos de 18.000 en 1655). Había dos zonas urbanas bien diferenciadas: el Casco Antiguo, delimitado por la muralla de piedra romana y el Coso, y la llamada Población, extensos barrios crecidos fuera de la muralla de piedra hacia San Pablo, San Miguel, Santa Engracia y La Magdalena, cerrados a su vez por una muralla de ladrillo o rejola. Se abrían puertas en una y otra muralla: Ángel, Tripería, Sancho, Portillo, Baltax (Carmen), Quemada, Sol, Valencia, Toledo y Cinegia. En esta época se abre la calle Nueva de Don Jaime y a través de la Cuchillería (prolongación de la misma) se podía acceder a la plaza de La Seo. En la curva del Coso hacia la Magdalena se situaban las Piedras del Coso, un depósito de sillares de la antigua e inservible muralla romana, auténtica cantera para la construcción de los edificios de los siglos XVI y XVII. Fue allí precisamente donde se levantó, a mediados del siglo XVI, el edificio, colegio e iglesia, de la Compañía de Jesús (actual Real Seminario de San Carlos), residencia de nuestro personaje, en el mismo lugar donde estuvo la Sinagoga Mayor de la judería de Zaragoza. Las obras concluyeron en 1628, año siguiente en que fue ordenado sacerdote Baltasar Gracián, como queda reflejado en la inscripción que aparece en la esquina del edificio. Aquí se instaló la primera Escuela de Gramática en 1579, precedente del Estudio Mayor y posterior Universidad de Zaragoza, levantada muy cerca del lugar. Gracián estuvo al corriente de los acontecimientos de la ciudad y se relación en los ámbitos intelectuales y artísticos del momento, donde destacaban personajes como Ustárroz, Guimerá o Francés de Urritigoiti. De esta época nos han llegado muestras artísticas de primero orden, como la Vista de Zaragoza (1647), obra de Juan Bautista Martínez del Mazo, conservada en el Museo del Prado, o la impresionante Inmaculada (1630), obra anónima conservada en el Real Seminario de San Carlos, y que Baltasar Gracián  contempló a diario durante su estancia en el colegio de jesuitas.
Gracián describe Zaragoza en El Criticón:

La abundante Zaragoza, cabeza de Aragón, madre de insignes reyes, base de la mayor columna, y columna de la fe católica en santuarios y hermosa en edificios, poblada de buenos, así como todo Aragón de gente sin embeleco ...


En el Colegio de la Compañía de Jesús de Zaragoza escribió Gracián su más famosa y universal obra, publicada con el título de El Criticón, así como su única obra religiosa, El Comulgatorio (1655), obra de meditación eucarística.

El Criticón (1651-1657). Las tres partes del Criticón, publicadas en 1651, 1653 y 1657, constituyen, sin duda, la obra maestra de Gracián y es una de las obras cumbres del Siglo de Oro español. Bajo la forma de una extensa novela alegórica de carácter filosófico, esta novela reúne en forma de ficción toda la trayectoria literaria de su autor. El Criticón conjuga la prosa didáctica y moral con la fabulación metafórica, y con ello, cada capítulo alberga una doble lectura - si no más - en los planos real y filosófico. En ella se unen invención y didactismo, erudición y estilo personal, desengaño y sátira social. La obra constituye una extensa alegoría de la vida del hombre, representado en sus dos facetas de impulsivo e inexperto (Andrenio) y prudente y experimentado (Critilo). Estos dos personajes simbólicos, persiguiendo la Felicidad (Felisinda, madre para Critilio y esposa para Andrenio), acaban recorriendo todo el mundo conocido persiguiendo el aprendizaje de la virtud que, pese al engaño que ofrece comúnmente el mundo, les llevará a ganar la Inmortalidad por sus hechos al llegar la muerte al final de la novela. Es, por tanto, la culminación literaria de la visión filosófica del mundo de Gracián, donde prima el desengaño vital y el pesimismo, si bien la persona cabal consigue elevarse sobre este mundo de malicia.

Aunque El Criticón se plantea inicialmente como una novela bizantina, en la que los dos peregrinos tienen como fin la búsqueda de Felisinda, pronto se descubre esto como un imposible, y con ello la estructura de la novela se conforma como una serie de episodios ensartados, al modo de la novela itinerante habitual de la picaresca. Tras este desengaño, el verdadero objetivo de nuestros protagonistas es alcanzar la virtud y la sabiduría. Pronto se abandona, con ello, una tenue intriga para demorarse en sucesivos cuadros alegóricos que dan cauce a la reflexión filosófica partiendo de una óptica satírica del mundo.

Ediciones de El Criticón:
El Criticón, Espasa-Calpe, (col. Clásicos Castellanos, 165 - 167), Madrid, 1971
El Criticón, Cátedra (Letras Hispánicas, 122), Madrid, 1980
El Criticón, Espasa-Calpe, (Austral, 435), Madrid, 1984

Bibliografía:
ANSÓN, A. y BOLOQUI, B., Zaragoza Barroca en la Guía Histórico - Artística de Zaragoza, Zaragoza, 2008.
TORRALBA SORIANO, F., Real Seminario de San Carlos Borromeo de Zaragoza, Zaragoza, 1952 (reeditada en 1974).

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