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LOS EPISODIOS QUE DIERON FAMA UNIVERSAL A ZARAGOZA

GALDÓS, Episodios Nacionales ? Zaragoza

BENITO PÉREZ GALDÓS (Las Palmas de Gran Canaria,1843 - Madrid, 1920) novelista, dramaturgo y cronista, uno de los principales representantes de la novela realista del siglo XIX y uno de los más importantes escritores en lengua española. Galdós era el décimo hijo de un coronel del ejército, Sebastián Pérez, y de Dolores Galdós, una dama de fuerte carácter e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Su padre inculcó en el hijo el gusto por las narraciones históricas contándole asiduamente historias de la Guerra de la Independencia, en la que había participado. Su imaginación fue desbordante ya desde muy joven. En 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía activa y bastante avanzada para la época, durante los años en que empezaban a divulgarse por España las polémicas teorías darwinistas, de lo cual hay ecos en obras suyas como Doña Perfecta(1876), Fortunata y Jacinta (1887), etc.

Episodios Nacionales. En 1873 comenzó a publicar la que se puede considerar su obra cumbre, los Episodios Nacionales, donde se refleja la vida íntima de los españoles del siglo XIX y su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron el destino colectivo del país. Se trata de 46 episodios en cinco series de diez novelas cada una, salvo la última, que quedó inconclusa. Arrancan con la batalla de Trafalgar y concluyen con la Restauración borbónica en España.

PRIMERA SERIE. Trata de la Guerra de la Independencia (1808 -1814): Trafalgar  - La Corte de Carlos IV  - El 19 de marzo y el 2 de mayo - Bailén  - Napoleón en Chamartín - Zaragoza - Gerona - Cádiz - Juan Martín el Empecinado - La batalla de los Arapiles.

SEGUNDA SERIE
. Trata de las luchas entre absolutistas y liberales hasta la muerte de Fernando VII en 1833. El equipaje del rey José - Memorias de un cortesano de 1815 - La segunda casaca - El Grande Oriente - El 7 de julio - Los Cien Mil Hijos de San Luis - El terror de 1824 - Un voluntario realista - Los Apostólicos - Un faccioso más y algunos frailes menos.

TERCERA SERIE. Cubre la Primera Guerra Carlista. Zumalacárregui - Mendizábal - De Oñate a la Granja - Luchana - La campaña del Maestrazgo - La estafeta romántica - Vergara - Montes de Oca - Los Ayacuchos - Bodas Reales.

CUARTA SERIE.   Se desarrolla entre la Revolución de 1848 y la caída de Isabel II en 1868. Las tormentas del 48 - Narváez - Los duendes de la camarilla - La Revolución de Julio - O'Donnell - Aita Tettauen - Carlos VI en la Rápita - La vuelta al mundo en la «Numancia» - Prim - La de los tristes destinos

QUINTA SERIE. Incompleta, acaba con la Restauración de Alfonso XII. España sin rey - España trágica - Amadeo I - La Primera República - De Cartago a Sagunto - Cánovas - Sagasta (en proyecto).
Este conjunto novelístico constituye una de las obras más importantes de la literatura española de todos los tiempos y ejerció un influjo considerable en la trayectoria de la novela histórica española. El punto de vista adoptado es vario y multiforme, y se inicia con la perspectiva de un joven chico que se ve envuelto en los hechos más importantes de su época mientras lucha por su amada. La evolución ideológica de Galdós es perceptible desde el aliento épico de la primera serie hasta el amargo escepticismo final, pasando por la radicalización política y agresividad socialista-anarquista de las series tercera y cuarta.

Galdós visitó Zaragoza en varias ocasiones, la primera en 1968, a la Primera Exposición Aragonesa, celebrada en la actual Plaza Aragón, un certamen de Arte e Industrias, que sirvió para urbanizar esta zona de la ciudad. En 1908 asistió al estreno de su ópera Zaragoza en el Teatro Principal, inspirada en el episodio nacional del mismo título y música del maestro Lapuerta. Galdós demuestra en sus descripciones haberse pateado las calles de la ciudad, que considera muy interesante, por su grandeza histórica y singularmente por el valor de sus hijos.

En pocas horas recorrí sin guía el Coso, el Mercado, el Pilar y La Seo; vi la Torre Nueva; después, la Escuela Pía, la parroquia de San Pablo, la Puerta del Carmen, acribillada a balazos de los dos famosos Sitios; la Trinidad, la Aljafería, el Torrero y, por último, las ruinas de San Agustín.

Zaragoza es la sexta novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Continúa la historia del anterior capítulo de la serie, Napoleón en Chamartín. Mezclando de nuevo ficción y realidad histórica, la novela narra el segundo sitio de Zaragoza, acaecido en enero y febrero de 1809, durante la Guerra de Independencia entre España y Francia. El protagonista vuelve a ser el gaditano Gabriel de Araceli.
Argumento: Gabriel, con otros compañeros, se fuga de sus carceleros franceses cuando era llevado a Madrid y todos acuden a Zaragoza, donde se prepara la resistencia contra el invasor por segunda vez. Allí conoce, entre otros personajes curiosos, a don José de Montoria, y se hace íntimo amigo de su hijo, Agustín, que es de su edad. Los preparativos para la defensa de la ciudad, a cargo del general Palafox, discurren en un ambiente desenfadado, con continuos recuerdos al primer sitio, del que, unos meses antes, los zaragozanos salieron victoriosos. La familia Montoria, una de las principales de Zaragoza, pretende que Agustín siga la carrera religiosa, para lo cual se está formando. Pero el joven corteja en secreto a María, la hija del tío Candiola, un usurero de la peor especie, muy odiado en toda la ciudad y enemigo declarado de José de Montoria. Agustín está decidido a abandonar la carrera religiosa para casarse con María, pero teme la reacción de su padre. Muy pronto comienza el asedio, y la novela se centra principalmente en la descripción de las escaramuzas bélicas, dejando de lado las historias personales y sentimentales, que en este episodio tienen una importancia mucho menor que en los anteriores (por ejemplo, Inés, la amada de Gabriel, no aparece mencionada ni una sola vez). La situación en Zaragoza se va deteriorando con rapidez, debido a la falta de alimentos, la superioridad técnica y material de los franceses y una importuna epidemia de fiebre amarilla que diezma a la población.

El tono inicial de la novela, festivo y patriótico, va dando paso a otro más sombrío y tremendista, inédito hasta el momento en la serie, con descripciones terribles de la crueldad de la batalla y de la situación desesperada de Zaragoza. El tío Candiola, que en todo momento ha reusado contribuir a la defensa de la ciudad y sólo se ha preocupado por salvaguardar sus intereses, se ve en la calle cuando los bombardeos franceses destruyen su casa, como la mayoría de las de la ciudad. Arruinado y amargado, despreciado por sus conciudadanos, termina por venderse a los franceses, indicándoles un pasadizo subterráneo secreto en una de sus posesiones que posibilita al ejército francés la toma del convento de San Francisco, un lugar estratégico para dominar la ciudad. A esas alturas, la batalla se ha convertido en una cruel lucha sin cuartel calle por calle, casa por casa, desconocida hasta entonces por el ejército francés. La caída de San Francisco marca el punto final de las sucesivas pérdidas de los defensores. Acusado de traición, un consejo de guerra ordena la ejecución del tío Candiola, con tan mala fortuna que el pelotón de fusilamiento debe mandarlo Agustín de Montoria. Enterada del hecho, María le pide clemencia para su padre, e incluso llega a proponerle que ayude a huir al traidor. Agustín se niega, lo que le cuesta el odio de María, pero, asqueado, decide abandonar su puesto en el ejército de voluntarios. Es Gabriel el que, en una patética escena, termina mandando el pelotón de fusilamiento.

Al final, el 21 de febrero, tras dos meses de asedio, con Zaragoza reducida a un montón de ruinas y la población diezmada, la ciudad se rinde. El ejército francés toma los últimos reductos, espantados por lo que encuentran: el ejército imperial, más que vencedor, se considera sepulturero. Gabriel y Agustín entierran a María, muerta en mitad de la calle. Tras la rendición, Gabriel, enfermo y herido, abandona la ciudad ruinosa con lo poco que queda de la guarnición.

Me parece que fue al anochecer del 18 cuando avistamos Zaragoza. Entrando por la Puerta de Sancho, oímos que daba las diez el reloj de la Torre Nueva. Los portales del Mercado no nos parecían tener las comodidades y el sosiego que nuestros cansados cuerpos exigían, visitamos la torre inclinada, y aunque alguno de mis compañeros propuso que nos guareciéramos al amor de su zócalo, yo opiné que allí estábamos como en campo raso. Sirviónos, sin embargo, de descanso aquel lugar, y también de refectorio para nuestra cena de pan seco, la cual despachamos alegremente, mirando de rato en rato la mole amenazadora, cuya desviación la asemejaba a un gigante que se inclina para mirar quién anda a sus pies. A la claridad de la luna, aquel centinela de ladrillo proyecta sobre el cielo su enjuta figura, que no puede tenerse derecha. Corren las nubes por encima de su aguja, y el espectador que mira desde abajo se estremece de espanto, creyendo que las nubes están quietas y que la torre se le viene encima. Esta absurda fábrica, bajo cuyos pies ha cedido el suelo, cansado de soportarla, parece que se está siempre cayendo, y nunca acaba de caer ...

... Recorrimos luego el Coso desde la casa de los gigantes hasta el Seminario; nos metimos por la calle Quemada y la del Rincón, ambas llenas de ruinas, hasta la plazuela de San Miguel, y de allí pasando de callejón en callejón, y atravesando al azar angostas e irregulares vías, nos encontramos junto a las ruinas del monasterio de Santa Engracia, volado por los franceses al levantar el primer sitio ...

... El arrabal de las Tenerías se extiende al oriente de la ciudad, entre la Huerva y el recinto antiguo, perfectamente deslindado aún por la gran vía que se llama Coso. La planta general de este barrio es aproximadamente un segmento de círculo, cuyo arco da al campo y cuya cuerda le une al resto de la ciudad, desde Puerta Quemada a la subida del Sepulcro. Corrían calles, unas interrumpidas, como las de Añón, Alcocer y las Arcadas, y otras prolongadas, como las de Palomar y San Agustín ...


Zaragoza aparece también ambientada de pasada en Fortunata y Jacinta:
En su viaje de novios, Jacinta y Juanito Santacruz pasean por las solitarias y románticas calles que se extienden detrás de la catedral y aqulla plazoleta silenciosa y desierta formada por vetustos caserones de ladrillo modelado a estilo mudéjar, en las puertas gigantones o salvajes de piedra con la maza en el hombro, en las cornisas aleros de tallada madera, todo de un color de polvo uniforme y tristísimo. Visitan la Puerta del Carmen, Santa Engracia y las arboledas de Torrero, antes de proseguir viaje a Barcelona.

Ediciones:

PÉREZ GALDÓS. B., Episodios Nacionales ? Zaragoza, Alianza ed., Madrid, 2003
PÉREZ GALDÓS. B., Episodios Nacionales ? La Guerra de la Independencia, Destino, Barcelona, 2005
PÉREZ GALDÓS. B., Episodios Nacionales ? Zaragoza, Nivola ed., Madrid, 2008

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